Lo difícil y lo fácil
Como ya hemos avanzado, la fotografía arquitectónica es difícil por definición. Las fotografías de arquitectura suelen presentar serios problemas de acartonamiento y monotonía. Todas parecen iguales, y en una gran mayoría de ocasiones quedan reducidas a frías tomas de catálogo. Para tratar de remediarlo, contamos con unas cuantas armas fotográficas: las perspectivas, un punto de toma estudiado, una buena luz, un enfoque acertado y la búsqueda de detalles. Todos ellos constituyen elementos estupendos para romper esa rigidez temática.
Una línea es, sin duda, el primer y fundamental elemento que compone -o va a componer- nuestra instantánea. Hay que tener presente que, en general, las líneas concebidas por un arquitecto persiguen transmitir un mensaje: desde la simple grandiosidad, hasta la más sensual voluptuosidad. Un mensaje que puede perderse, si no prestamos suficiente atención.
Si nos basamos en la disposición de las líneas como elemento conductor de la atención, lograremos mejorar de forma importante la composición. Hay fotógrafos que consideran un error el que converjan líneas verticales en las fotografías de arquitectura. Para remediarlo, emplean costosísimos equipos con objetivos específicos descentrables o cámaras técnicas de gran formato. Sin embargo, ese supuesto error le otorga fuerza a la imagen.
Al mirar hacia arriba en un contrapicado, se exagera la perspectiva; las líneas verticales se fugan hacia el cielo, dotando a la fotografía de una sensación de grandiosidad. También se puede crear el efecto contrario fotografiando desde un punto de vista muy alto, con un ángulo de toma bien picado. En este caso, las líneas convergen hacia abajo, transmitiendo la sensación de vértigo –aunque, ciertamente, pocos son los que pueden subir a lo más alto de un edificio para hacer una toma picada. El mejor punto de toma sólo puede determinarse observando desde todos los ángulos. Aquí no hay truco: todo consiste en pararse y mirar. Y luego, elegir.
También podemos modificar la fuga de líneas con el uso creativo de diversas distancias focales. Si utilizamos un gran angular y nos acercamos hacia el edificio con un contrapicado, rápidamente se exagera la perspectiva, y ese efecto de “agigantamiento” se multiplica.
También podemos modificar la fuga de líneas con el uso creativo de diversas distancias focales. Si utilizamos un gran angular y nos acercamos hacia el edificio con un contrapicado, rápidamente se exagera la perspectiva, y ese efecto de “agigantamiento” se multiplica.
Además de todo esto, debemos recordar que estamos fotografiando, casi siempre, grandes estructuras, por lo que será necesaria una gran profundidad de campo. Sobre todo, en aquellas tomas en las que las líneas sean oblicuas: en ellas, corremos el riesgo que una ausencia de foco destroce, literalmente, la composición.










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